23/04/09

¿Qué es lo que hay en ese corazón?

Lo que abunda en el corazón. ¿Qué es lo que hay en ese corazón? De aquí es de donde sale toda la capacidad de hacer daño, la acción de desconfiar, de duda, de ahí es de donde salen las desesperaciones, las amarguras, las angustias ¿qué es lo que llena ese corazón humano?
¿Qué es esa gran presencia que habita en el corazón del hombre que no deja espacio para nada, para nadie, ni siquiera para Dios, que Dios querría venir a llenar ese corazón pero uno no lo deja porque ya está ocupado y dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio ¿de qué está lleno el corazón? ¿Saben de qué? está lleno de la máquina más impresionante de autodefensa y esa máquina más impresionante de autodefensa es lo que se llama el ego.
Les presento lo que más amamos en la vida. Lo que más ama usted en su vida es usted.
Los seres humanos somos mezquinos, somos egoístas. Primero yo, segundo yo, tercero yo, cuarto yo, después de mí el diluvio.
Es más, calculen ustedes todas las veces que discutimos con las personas que amamos, por qué discutimos, yo, yo, yo es el gran problema de la vida de uno. Los reclamos que uno le hace a los demás es por yo. Yo, yo, yo, es el gran amor de nuestras vidas.
Uno por el ego hace todo lo que hace por la vida, todo lo hace por el ego. Esa es la gran lección de la vida. Y uno cree que el ego soy yo y el ego no soy yo, el ego es una caricatura de lo que tú eres.
Tu verdadero yo es otro. Tu verdadero yo es Jesucristo. Yo soy verdaderamente yo cuando soy Cristo pero para eso tengo que dejar de ser yo y empezar a ser Cristo. Ya no vivo yo es Cristo mismo quien vive en mí. Y mi vivir desde hoy es un vivir para el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí.
Esa es toda la clave de la vida, toda la clave de la conversión.
Convertirse es cambiar por completo de vida porque es dejar de vivir la vida egoísta, centrada en el yo, para pasar a vivir la vida crística, divina, centrada en el amor y el amor es un darse incluso un perderse.
Lo más importante de la vida es el amor que sabe perder. Uno puede perder las discusiones no pasa nada ¿por qué no queremos perder las discusiones? ¿Qué más da? Es más importante tener amigo que tener la razón.
Pero no, uno sacrifica lo que sea con tal de ganar. Para poder ganar hay que perder. Dios es un gran perdedor. Cuando su Hijo vino al mundo, perdió. Por eso es el único que sabe amar, porque sabe perder.
¿Qué hace el ego? El ego hace seis cosas. Primera: Ve al otro como amenaza. Primera característica del ego: el otro todavía no ha hecho nada y el ego ya se está protegiendo.
Usted piensa primero en usted, segundo en usted y tercero en usted. Uno percibe al otro como amenaza por eso usted empieza a levantar la voz antes de que la discusión empiece.
Segundo: el ego compite. La gran pasión del ego es compararse con los demás y tiene que ganarle, si no le gana sufre y sufre a grandes intensidades.
Reconoce que tienes compañeros que son mejores y alégrate por ello. Dale gracias a Dios porque tienes compañeros tan bacanos. ¿Por qué sufrir porque al otro le vaya bien? Qué bobada pero así somos los seres humanos.
Tercero. El ego es cruel, muy cruel. Nosotros ponemos la televisión para ver las bombas de los demás. El ego con tal de ganar recurre a toda la crueldad que sea necesaria. Cuanta crueldad.
Cuarto. El ego se defiende. Es quizás lo que mejor hace. Se defiende hasta de los ataques que no le hacen. Uno vive con la defensa puesta. Uno va a la defensiva. Es más como uno está a la defensiva uno asume el dialogo a la defensiva y claro por estarte defendiendo terminas haciéndole daño a los demás, porque para uno lo más importante es defenderme a mí.
Díganme, uno ¿por qué se hiere? Porque hablaron mal de mí. De ti solo pueden decir dos cosas: una verdad o una mentira. Si es verdad es verdad, acéptela y madure y si es mentira, entonces ¿por qué le molesta? ¿Saben por qué les molesta? Porque ofende al ego, el yo, y nos ofende tanto la verdad como la mentira.
Uno es bien soberbio y le dicen: es un soberbio y me pongo bravo. Si sois soberbio, acéptalo, pero no, porque el orgullo a uno no lo deja aceptar y yo me tengo que defender y uno se defiende de un montón de maneras, uno se defiende y si es necesario con violencia, uno se defiende si es necesario con autoridad y si no funciona la autoridad aun funciona la estrategia desesperada, las lágrimas aparentes. Ese es el ego que se defiende.
Quinto. El ego engorda, ¿saben lo que más le gusta al ego? Agarrar todo lo que tiene alrededor y decir: mío. Por eso el ego, devora, traga. No tendréis gordo el cuerpo porque no está de moda pero el alma la tenéis con unos triglicéridos disparados.
Y por último, el ego busca, exige, demanda reconocimiento. Lo que uno más necesita es que lo aplaudan. Uno recurre a todas las estrategias que sean para que le den lo que necesitaba. Lo que más busca el ego es reconocimiento.
No volviste a ese grupo de oración porque dices que ya no sentías lo mismo, ¿sabes por qué no sentías lo mismo? Porque ya no te reconocían. Vos no te salís de las cosas porque de verdad no esté Dios, vos no te salís de las cosas porque de verdad no sirvan, vos te salís de las cosas cuando tu ego no se siente bien, porque en el fondo hacías las cosas por tu ego no por Dios ni por los demás ni por amor, sino por tu ego que a la larga es tu verdadero Dios y de ahí, de ese fondo, es de donde dice Jesús que sale todo lo que tuerce al ser humano.
Todo pecado es en el fondo un pecado contra el primer mandamiento. Lo único que hay que amar sobre todas las cosas es Dios y uno dedica todas sus fuerzas a amar a otro que no es Dios, a defender a otro que no es Dios y a proteger a otro que no es Dios.
Y al cabo de los años miramos cual es el fruto de habernos equivocado de amor y nos damos cuenta de que estamos llenos de tristeza y de dolor. Preguntamos al cielo quien causó el dolor y tendríamos que darnos cuenta que los únicos que hemos inventado el dolor somos nosotros mismos.

Juan Jaime Escobar

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6/04/09

Dios no es la causa del dolor


¿De qué se alimenta esa desconfianza? ¿Por qué se le mete la desconfianza? ¿Por qué los niños confían y los adultos no?
Porque uno se encuentra con algo que lo desconcierta mucho: el dolor.
Uno estaba preparado para todo menos para el dolor. El dolor es el gran escándalo de la humanidad. El dolor es donde la mayoría perdemos la fe. Porque es justamente el dolor lo que no somos capaces de manejar. Cuando el dolor llega a la vida creemos que Dios nos falló, porque no hemos descubierto una cosa: que Dios no vino a quitar el dolor del mundo sino a cargar el dolor con nosotros. El Cristo que murió en una cruz cargó nuestro dolor, no nos quitó el dolor, pero nosotros sabemos que cada vez que nos duele la vida compartimos la realidad de Dios.
Dios es amor y nada más que amor y ¿qué es el amor? El amor es la capacidad incluso de sufrir el dolor por amor. De hecho no hay más amor más grande que sufrir dolor.
Dios lo único que puede hacer es sufrir contigo. Todo el dolor del mundo lo sufre Dios. Dios también pregunta por qué. Porque yo los hice para ser felices ¿Por qué tanto dolor? ¿Por qué el egoísmo en las casas si yo les enseñé en el amor? ¿Por qué la vanidad, por qué la envidia y por qué la violencia, por qué el terrorismo, por qué el horror, por qué? yo no les enseñé eso y entonces todo el dolor del mundo se carga sobre Dios.
Dios no es la causa del dolor. El dolor procede justamente de nuestra capacidad de hacer daño, de hacernos daño.
Todo el cosmos es un inmenso drama de vida y muerte, más aún, todo lo que hacemos los seres humanos para evadir el dolor suele producir más dolor. Toda esa gana de dinero para ver si con dinero quitamos el dolor produce más dolor.
¡Qué tremendamente dramático! La gran víctima del dolor es Dios. Nadie sufre sin que Dios sufra. Dios es la gran victima de todo el mal del mundo. Nadie sufre sin que Dios sufra en él, por él, antes de él, a través de él y mucho más que él.
Tú le preguntas a Dios ¿por qué estoy enferma? Y Dios te responde, no sé pero yo estoy enfermo contigo.
Y tú le preguntas a Dios ¿por qué muere la persona que yo amo? Y Él te responde: no sé pero a mí me mataron a mi niño en una cruz.
Y tú le preguntas ¿por qué una persona tan buena está paralizada. Y él te responde: No sé, pero a mí me han paralizado tantas veces que hay montones de vidas a las que no puedo llegar.
El está enfermo contigo, sufre contigo, es pobre contigo, desplazado contigo, abandonado contigo. Es la víctima de todas las guerras. A él le caen todas las bombas, le explotan todas las minas antipersonales, a él siempre lo engañan y de él abusan, a él lo maltratan, a él lo golpean, a él lo violan.
No hay ni un solo dolor humano que Dios no padezca con nosotros, en nosotros, a través de nosotros, por nosotros, antes de nosotros, después de nosotros y todo el dolor del mundo no tiene una causa que es Dios, sino que el dolor del mundo tiene una causa que somos nosotros. ¿De dónde sale todo el dolor del mundo? De ese lugar desde el cual el ser humano intenta vivir la vida, de eso es de lo que está lleno el corazón.


Juan Jaime Escobar

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3/04/09

Dios es amor y nada más que amor

Dios es amor y nada más que amor

Dios es amor y nada más que amor, pero ese amor se lanza hacia ti y solamente te pide una cosa: Déjate amar. Recibidme. Porque el problema de Dios es que Dios como es amor tiene un límite en su poder, y el límite en el poder de Dios es que no puede imponerse porque el amor no se impone. El poder se impone pero el amor no se impone. Por eso el amor es una súplica y Dios delante de ti te hace una súplica. Siempre hemos pensado que somos nosotros los que oramos a Dios y no hemos caído en la cuenta que desde que Dios se hizo hombre en Jesucristo, Dios es una oración dirigida a nosotros y esa oración dirigida a nosotros es: ¿me dejas amarte? ¿Me dejas entrar en tu vida? ¿Me dejas quererte con todo mi ser? Déjate por favor amar por mí. Y muchísimos hombres y mujeres a esa súplica de ternura de Dios, respondemos: no, estoy ocupado.

El evangelio lo narra como una historia. Un hombre iba a celebrar un banquete e invitó a la gente a la fiesta y todos empezaron a disculparse. Yo estoy ocupado, yo me acabé de casar, yo me acabo de comprar una tierra y tengo que ir a verla. Y no le llegaron a la fiesta. Dios es una fiesta a la que la gente no va.

El amor de Dios es un amor perdido. Es como un grito lanzado al infinito que nadie escuchó. Es como una carta de amor que la destinataria de la carta de amor no aprecia, porque no sabe leer.

Y es a la muchacha campesina que le llega una carta en un papel hermoso, perfumada y ella la abre y se encanta con el papel y con el olor, pero no entiende porque no sabe leer. Ella no entiende que es un mensaje que le ha mandado el rey y que allí en letras preciosas dice el mensaje que la sacaría de todas las tristezas y de toda la postración, que en aquel papelito está escrito: te amo. Y como no lo sabe, cierra el papel hace de él un arrugón y lo tira a la basura. Y ahí se perdió una esperanza.

Dios es un canto de amor lanzado a alguien que no lo quiere escuchar. Ese es el drama de Dios. El drama de Dios es el drama del amor inútil. Acoger el amor de Dios. Si nosotros decimos que queremos acoger el amor de Dios ¿qué significa eso? Acoger el amor de Dios, recibir el amor que Dios nos ofrece es dejarnos, dejarme, transformar por Dios.

¿Cuál es el plan de Dios? Dios tiene un plan y el plan de Dios es un plan muy ambicioso, es un plan impresionantemente grande.

Hay dos maneras de ser. Una la vamos a llamar manera de ser cósmica. Cósmica quiere decir cosmos. Es decir, es como está hecho el mundo, el universo. De esta manera de ser del cosmos participamos todas las criaturas que hacemos parte del cosmos. Las estrellas, las galaxias, los cetáceos, los peces, las montañas, los insectos, las nubes, todos los seres, los hombres, las mujeres, los niños. Todas las criaturas del cosmos hacemos parte de esta manera de vivir. Dicho de otra manera. Todos los seres que no nos hemos dado a nosotros mismos el ser sino que hemos sido creados por alguien, todos nosotros compartimos una misma manera de vivir, la manera de vivir de las creaturas.

Y la otra manera de vivir es la manera de vivir divina, la vida divina, es la manera de vivir de Dios, la manera de vivir del Creador. Son dos maneras de vivir totalmente diferentes.

¿Cómo vive Dios? Lo acabo de decir. Dios es amor y solo amor. Dios es amor y absoluto amor y únicamente amor. Eso significa que la vida de Dios tiene este dinamismo, del centro de Él se abre y se entrega por completo a nosotros.

Dios es un continuo salir, un continuo entregarse, un continuo donarse, darse, entregarse, no retiene nada, no se queda con nada, no agarra nada, nosotros aunque amemos mucho siempre agarramos de vez en cuando.

El mejor de los amigos que te dijo que nunca jamás te sacará en cara todo lo que te ha querido, algún día te saca en cara lo que te quiso ¿por qué? porque somos seres humanos. Tarde o temprano, soy muy buen amigo pero lanzo un pequeño reproche.

Dios no tiene eso siquiera, porque Dios no se queda con nada, Dios da y da y da. Y ¿saben por qué puede dar y dar y dar? Porque no tiene miedo de destruirse, porque Dios es totalmente ofrenda. En cambio la vida cósmica, tiene un dinamismo contrario, de afuera hacia dentro hacia el centro de uno mismo.

De todos los seres humanos que ha habido en la historia de la humanidad solo uno nació con la capacidad de darse, darse, darse, darse. Se llama Jesucristo.

De todos los seres humanos nuestra fe nos dice que solo una mujer en el momento de su concepción fue librada de esa realidad que obliga a tener que defender la vida de uno a cualquier costo. Y fue librada de eso.

El pecado original es una fractura que hay en la esencia de nuestro ser y esa fractura que hay en la esencia de nuestro ser es que podemos ser los mejores seres humanos del mundo y al mismo tiempo podemos ser los peores. Esa posibilidad es lo que no hubo en Jesucristo, solo podía ser el ser humano más hermoso, nada más. Esa posibilidad es la que no hubo en la Stma. Virgen María. Solo podía decir que sí al Padre, que sí, he aquí la esclava del Señor. Toda la vida de ella es apertura, apertura, apertura, no retiene nada para ella misma. Lo impresionante de la Stma. Virgen María es que toda la vida de Ella es donación. Desde que le dicen arriesga tu vida para tener un niño hasta que arriesga la vida al pie de la cruz para estar con su niño. No se queda con nada, no retiene nada, no posee nada. Entrega, entrega, entrega.

En cambio ustedes se han dado cuenta que los grandes asesinos, los violadores, los terroristas algún día fueron tiernos niños inocentes? Pero ese tierno niño inocente era un niño inocente pero tenía toda la potencialidad de dejar de serlo. Ese es el pecado original. La potencialidad de dejar de serlo.

Dios no se defiende, por eso es tan fácil hacerle daño, porque Dios no tiene nada para defenderse. El se da, se da y se da. Y el plan de Dios es dejar de vivir cósmicamente y empezar a vivir divinamente. Cambia por completo de manera de vivir.

Si ustedes me preguntan qué es ser santo. Ser santo es dejar de llevar vida cósmica y pasar a vivir vida divina. Y la vida divina no es que a uno le va bien, no es que tiene buena suerte.

La vida divina significa que uno aprende a darse, darse, darse, desgastándose por amor, por amor, por amor y eso se transforma en Dios mismo en la tierra, esa es la vida de los santos y si ustedes se fijan a los santos normalmente les va mal como a Dios.

Dios es cambiar de vida y cambiar de vida por otra vida que el mundo no valora pero que es la única que vence la muerte, porque la vida que el mundo valora con todas sus posesiones pierde una batalla, no puede nada contra la muerte. Si aprovechaste los años de tu vida para transformarte a imagen de Aquel que resucitó en una cruz entonces serás vencedor de la muerte ¿Tienes una vida que soporte el embate con la muerte? Ese es el plan de Dios.

¿Saben cual es el plan de Dios? Que vos seas Dios. Cuando nosotros decimos que nosotros somos hijos de Dios cual serás vos? Es que te parezcas a tu papá, tengas los sentimientos de tu papá, tengas la manera de vivir de tu papá, porque es la única manera de vivir que no es frustrada por la muerte.

Dios te ama tanto que quiere que vivas para siempre y nosotros elegimos morir con tal de pasar bueno cincuenta años, cuando Dios lo que quiere que pasemos bueno la eternidad, al lado de El. Y para eso hay que cambiar la vida. Hay que vivir una vida de amor, amor, amor, amor, entrega, no tanto reclamar, no tanto exigir, no tanto pedir, sino entregar.

Así pues el plan de salvación de Dios es transformar nuestra humanidad en humanidad divina, es decir, en la humanidad de su hijo Jesucristo. Humanidad que es absoluta transparencia de la vida divina. Por ende, el plan de Dios es hacer de este pedazo de cosmos replegado sobre sí mismo que somos nosotros un lugar de la divinidad, abierto por entero a la entrega, al amor y a la capacidad de perderse uno a sí mismo.

El hombre vivo es el hombre que tiene vida de Dios en su interior. Todos los demás aunque parezcan vivos están muertos. Y si no están muertos se están muriendo. Yo siempre digo que celebramos los cumpleaños al revés. Cumplió quince años, no, le quedan quince años menos. Vamos caminando hacia la muerte, además es la única cita a la que uno no puede faltar.

Juan Jaime Escobar

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21/03/09

EL GRAN DOLOR DE DIOS

EL GRAN DOLOR DE DIOS



El gran dolor de Dios es el dolor de su amor desperdiciado. El amor de Dios es un amor inútil, es un amor desperdiciado ¿por qué? Porque cuando vos cerráis la puerta, el amor de Dios se estrella contra un muro y se pierde. Y Dios siente infinitamente esa pérdida.

Nosotros normalmente solemos decir esta frase: Dios es amor. Es la frase más bella que hay en el Nuevo Testamento, que nos habla de la definición de lo que es Dios. Dios es amor.

Fíjense que no dice, Dios es poder, no dice, Dios es grandeza, no dice, Dios es inteligente, no dice Dios es ciencia o conocimiento. Dice, Dios es amor. La única gran definición que hay en el Nuevo Testamento de quien es Dios dice que Dios es amor. Es más, nosotros estamos acostumbrados a decir esta frase: Dios ama. Pero nosotros decimos esa frase de esta manera, Dios ama, y la decimos de la misma manera que decimos yo amo.

Yo amo, pero yo hago otras cosas además de amar. Yo amo, yo canto, yo estudio, yo leo, yo estudio, yo trabajo, yo rezo, yo odio, yo miento, yo maltrato, yo engaño. Uno puede decir muchas cosas. Y de esa misma manera que uno dice yo amo decimos Dios ama y entonces como que Dios además de amar puede hacer otras cosas. Dios ama, Dios manda, Dios ordena, Dios organiza, Dios realiza, Dios piensa, Dios dice.

Nos equivocamos ¿saben por qué? Porque Dios es amor y solo es amor, no es nada más que amor. Nosotros somos amor y somos otro montón de cosas, somos amor y odio y miedo y aburrimiento y capacidad de mentira. Nosotros somos una revoltura, Dios no es revoltura, Dios es amor y nada más que amor.

Por eso cuando decimos ¿Dios qué hace? Tenemos que decir, Dios ama y solo ama, no hace nada más que amar. Es más, cuando Dios canta ama, cuando piensa ama, cuando crea ama, cuando dice ama, cuando habla ama. Toda la acción del Señor, la única acción que realmente realiza Dios es la acción del amor. Dios es amor y nada más que amor. Dios solo puede dar amor. Dios nada más, ama.

Vayan preparándose ya para cambiar el chic porque hay cosas que solamente se pueden entender cambiando el chic. La mayoría de nosotros tenemos una deformación en nuestra manera de ver a Dios.

Nos enseñaron que Dios además de amor y además de padre y además de todo, era como un gran controlador del universo y ese gran controlador del universo tiene la posibilidad aquí de arreglar un problema y aquí de armar otro.

Por eso le hacemos los reclamos a Él ¿por qué me mandaste esta enfermedad? Yo no mandé una enfermedad. ¿Va un padre a mandarle una enfermedad a un hijo? Si ustedes que son malos dan cosas buenas a sus hijos ¿por qué creen que su padre del cielo sí manda cosas malas?

¿De verdad creen que mandó el camión que atropelló al muchacho? El camión que atropelló al muchacho se lo mandó un tipo que en vez de dormir bien, se puso a tomar hasta las tres de la mañana y a las cuatro montó en un Bus y se quedó dormido y te mató a tu muchacho.

Pero a los seres humanos nos fascina quitarnos la responsabilidad nosotros y mandar la responsabilidad para el cielo. Y resulta que Dios no estrella carros, no estrella aviones, no manda cáncer, no manda dolores de cabeza, no manda dolores de columna, no manda hijos bobos, ni manda hijos drogadictos.

Dios solo da amor y nada más que amor. Porque Dios es amor y solo amor. Y ese Dios que es amor y solo amor tiene un plan, y el plan ¿qué es? Amarte, porque Dios es amor y solo amor.

Y si el plan es amarte, todo el deseo de Dios es que te dejes amar porque a Dios solo lo encuentran los niños ¿saben por qué? porque un niño se deja amar. El niño es confiado, se deja querer, se deja abrazar, se deja amar. Pero cuando uno va creciendo uno se va volviendo complicadito. Uno aprende a poner límites, a poner barreras.



Juan Jaime Escobar


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12/03/09

La propuesta de Dios

La propuesta de Dios

Y Dios te está diciendo, aprovecha mientras puedas, yo tengo para ti un plan, cambiarte la calidad de vida.
El pecado ¿qué es el pecado? Es la fuerza que rompe el dinamismo divino en el interior del hombre. Es decirle a Dios que no cuando tendríamos que decirle sí. Es no permitirle a Dios ser Dios en nosotros. Es no dejarle a Dios actuar.
Solemos creer que ser libres es hacer lo que queremos pero eso no es la verdadera libertad. La verdadera libertad es hacer lo que tenemos que hacer, que es diferente. Porque alguien dice que no cuando teníamos que haber dicho que sí, ese es el misterio que los cristianos llamamos el pecado. Es un misterio raro. A uno le invitan a lo más agradable y a lo más maravilloso y uno dice que no ¿por qué? por algo raro que llevamos adentro los seres humanos. Y eso raro que llevamos por dentro nos hace decir que no cuando teníamos que decir que sí.
La verdadera condición humana, el verdadero tamaño del ser humano, la verdadera condición humana se revela en Jesucristo el hombre sin pecado, igual a nosotros en todo menos en el pecado.
El plan de Dios es que el hombre sea el interlocutor natural, permanente, con un corazón inocente. Nosotros normalmente pensamos que cuando decimos que Jesucristo es hombre quiere decir que Jesucristo se parece a nosotros y en verdad es al revés. Cuando decimos que Jesucristo es hombre significa que si nosotros realmente somos hombres, nosotros nos tendríamos que parecer a Jesucristo, porque la verdadera humanidad es la humanidad de Jesús, la nuestra es una humanidad con deficiencia, con pecado. La humanidad de Jesús es la humanidad que Dios quiere, es la humanidad capaz de entrega, de entrega, de amor, de amor sin límites y sin pausa.
El plan de Dios es una transformación de nuestra humanidad y la propuesta de Dios es: Yo te doy una humanidad verdadera como la humanidad de mi Hijo para que aprendas a amar sin límites y sin pausa.
Es la humanidad donde la vida deja de ser la pelea que es nuestra vida y la vida puede empezar a ser realmente un paraíso. En verdad lo que nosotros creemos que es infierno o paraíso no está después de la muerte. El verdadero infierno o paraíso para comenzar lo hacemos nosotros en la vida. Hay personas que construyen su vida haciendo de su vida un paraíso y fíjense que dos personas que hacen de su vida un paraíso son personas que saben amar. Al revés, hay personas que hacen de su vida un infierno y normalmente esas personas, así tengan muchos bienes materiales son personas enquistadas, enroscadas en sí mismos, incapaces de amar.
Pero podemos hacernos la pregunta: Si Dios nos hace una propuesta tan buena que parece ser de esas propuestas que no tienen falla, si Dios nos hace la propuesta de una transformación de nuestra humanidad para tener una humanidad bienaventurada para tener una humanidad divina, para tener una humanidad como la de su hijo Jesús, una humanidad capaz de amar y una humanidad capaz de vencer la muerte, la única humanidad que es capaz de vencer la muerte, si Dios nos hace esa propuesta ¿por qué nosotros no aceptamos? ¿Por qué el ser humano desoye el grito de amor de Dios? ¿Por qué el ser humano no se deja querer por Dios y no deja a Dios ser Dios? Porque dejar a Dios ser Dios es dejarlo que llegue a tu vida y te cambie. Pero cuando yo le pongo límites ¿por qué yo hago eso? ¿Por qué no dejo a Dios continuar? ¿Por qué no lo dejo entrar en mi vida, por qué no lo dejo transformarme?
Hay dos razones: Una: la duda y la desconfianza. Dios nos hace una propuesta. Dios nos dice: Déjate cambiar la humanidad y uno dice ¿por qué? Ese es el problema de cuando el ser humano se cree inteligente. Todas estas cosas se han revelado a los humildes y sencillos. El pecado comienza en la duda y en la desconfianza.
Hay dos relatos en la Sagrada Escritura que narran esto. El primer relato está en el capítulo tercero del libro del Génesis. Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, es decir, lo ha hecho igual que El. Ese hombre es tan bello que está desnudo en la naturaleza porque todo él es bello, no hay nada vergonzoso en el hombre.
La serpiente es la zancadilla que llevas dentro, no es el demonio. Lo que hace la serpiente es sembrar la duda. Dios quiere el bien para mí pero ¿por qué nos está privando de ese árbol tan bueno?
Dios le regaló al hombre ser idéntico a él y ahora el ser humano cree que Dios le está negando ser idéntico y me tengo que comer esa fruta para poder ser idéntico. El gran error que cometemos los seres humanos es que creemos que ser Dios es un proyecto nuestro, cuando es un regalo que Dios ya nos dio.
El segundo texto aparece en el libro del Éxodo, el pueblo va caminando por el desierto. Dios los saca de la esclavitud y los lleva para la tierra prometida pero cuando empiezan a caminar por el desierto ellos sienten que Dios les falló. Nos trajo a morir a un desierto. Dios nos sacó con trampas para traernos a morir en el desierto.
La clave del pecado es la desconfianza. Cada vez que nos hemos equivocado en la vida ¿qué hemos hecho? Hacer todo lo contrario a lo que Dios quería. ¿Y te fue bien? ¿No es cierto que no? Pero uno desconfía, uno no cree que Dios quiere lo mejor para mí. La fuerza del pecado es la desconfianza. Uno desconfía de Dios.
Juan Jaime Escobar
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16/08/08

Conversion de Maria Vallejo-Nagera en Medjugorje

San Agustin de gran pecador a Doctor de la Iglesia (4)

San Agustin de gran pecador a Doctor de la Iglesia (2)

San Agustin de gran pecador a Doctor de la Iglesia (1)


Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre de 354. Tagaste, hoy Souk Ahras, a unas 60 millas de Bona (la antigua Hippo-Regius), era por aquel tiempo una ciudad pequeña y libre de la Numidia preconsular que se había convertido recientemente del donatismo. Su familia no era rica aunque sí eminentemente respetable, y su padre, Patricio, uno de los decuriones de la ciudad, todavía era pagano; sin embargo, las admirables virtudes que hicieron de Mónica el ideal de madre cristiana consiguieron, a la larga, que su esposo recibiera la gracia del bautismo y una muerte santa, alrededor del año 371.

Agustín recibió una educación cristiana. Su madre hizo que fuera señalado con la cruz e inscrito entre los catecúmenos. Una vez, estando muy enfermo pidió el bautismo pero pronto pasó todo peligro y difirió recibir el sacramento, cediendo así a una deplorable costumbre de la época. Su asociación con "hombres de oración" dejó profundamente grabadas en su alma tres grandes ideas: La Divina Providencia, la vida futura con terribles sanciones y, sobre todo, Cristo Salvador. "Desde mi más tierna infancia llevaba dentro de lo más profundo de mi ser, mamado con la leche de mi madre, el nombre de mi Salvador, Vuestro Hijo; lo guardé en lo más recóndito de mi corazón; y aún cuando todo lo que ante mí se presentaba sin ese Divino Nombre, aunque fuese elegante, estuviera bien escrito e incluso repleto de verdades, no fue bastante para arrebatarme de Vos" (Confesiones, I, iv).

Pero una enorme crisis moral e intelectual sofocó todos estos sentimientos cristianos durante cierto tiempo, siendo el corazón el primer punto de ataque. Patricio, orgulloso del éxito de su hijo en las escuelas de Tagaste y Madaura decidió enviarlo a Cartago a preparase para una carrera forense, aqui empieza esta historia.

5/07/08

Amar siempre


Ser y vivir como Jesús

Los suyos tenían vivísima impresión: el Maestro, por encima de todo había amado. Por eso, entendieron perfectamente cuando les dijo que se amaran como El les había amado: "Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros" (Jn 13,34).
Amó con ternura y simplicidad a los humildes niños "Mas Jesús les dijo: "Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos."(Mt 19,14), a uno de ellos lo tomó en sus brazos.
Como Jesús, que fue afectuoso con Marta, María y Lázaro (Jn 11, antes de morir, a los suyos los trató de «amigos» "No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer"(Jn 15,15),
Pero después de resucitar, los llama «hermanos» " Dícele Jesús: "No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios."(Jn 20,17).
Al mismo traidor lo recibe con un beso y una palabra de amistad: "Jesús le dijo: "Amigo, ¡a lo que estás aquí!" (Mt 26,50).
Como Jesús, que, a un paralítico desconocido le llama afectuosamente «hijo» "Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados."(Mc 2,5),
e «hija» a la mujer hemorroísa:"Jesús se volvió, y al verla le dijo: "¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado." (Mt 9,22).
Amó a su pueblo tan profundamente que, viéndolo perdido, no le quedó otra solución que lamentarse y llorar: "¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido!"(Lc 13,34).
Como Jesús, que inventó mil formas y maneras para expresar su amor, porque el amor es ingenioso: "que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos."(Mc 10,45; Mt 20,28).
En aquella brutal ironía hay un enorme fondo de verdad: «A otros ha salvado; a sí mismo no puede (quiere) salvarse» (Mc 15,31).
Trajo de parte del Padre un solo encargo: «Como me amó mi Padre, os he amado yo a vosotros. Permaneced en mi amor!» (Jn 15,9).Debió emocionar tan profundamente este amor de Jesús, que los testigos nos transmitieron ese recuerdo, grabado en frases lapidarias: «Dios ha amado tanto al mundo, que le dio a su Hijo Unigénito» (Jn 3,16);
«Me amó y se entregó a la muerte por mí» (Gál 2,20);
Ha habido en los tiempos una explosión «de la benignidad y amor de nuestro Salvador a los hombres» (Tit 3,4).

P. Ignacio Larrañaga